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Publicado el 17-02-2025

Mi bebé tiene displasia de cadera

Mi bebé tiene displasia de cadera

«Su bebé tiene displasia de cadera, debe llevarla al traumatólogo, aquí tiene una recomendación, no se preocupe, todo está bien, nos vemos al siguiente control».

Salía de la consulta del pediatra llena de pena y miles de preguntas:
¿qué pasará ahora?, ¿qué debo hacer?, ¿qué le pasa a mi hija?, ¿qué hice mal?
Lo recuerdo claramente, me sentía muy mal, sentía que todo era culpa mía.

Llegué a casa y llamé a mi pareja y a mis padres. Recuerdo que lloré en todas las llamadas. De verdad no tenía idea de qué se trataba y, aún menos, sabía que yo también había tenido displasia de cadera cuando era un bebé.

Y desde ese punto comenzó mi búsqueda insaciable por internet.

La búsqueda de respuestas

Poco a poco mi búsqueda me llevó a miles de respuestas y artefactos varios para tratar la displasia. Uno de ellos era mi amado fular. Un nuevo beneficio para mi amado porteo, que sería nuestro gran aliado en esta nueva aventura juntas.

Fue un descubrimiento maravilloso, porque porteábamos desde sus 10 días de nacida, no de la mejor forma, pero esto sería una invitación para seguir probando y practicando nuevas formas de portear.

La consulta con el traumatólogo y el inicio del tratamiento

Llegó la hora del traumatólogo y partimos en nuestro fular. El doctor nos miró bien raro al vernos con una tela envueltas, pero no dijo absolutamente nada.

Revisó a mi pequeña, miró los rayos y nos explicó detalladamente de qué se trataba y el tratamiento que íbamos a seguir. Si todo iba bien y seguíamos sus indicaciones, a los 5 o 6 meses ya no seguiría usando las correas de Pavlik.

Ya en la segunda consulta, mi pequeña comenzó con su tratamiento.

Era extraño verla así. Movía mucho sus piernas jugando con ellas, y su cara seguía siendo de felicidad.
A pesar de todos los miedos que sentía, mi pequeña se estaba adaptando mucho mejor que yo a esta nueva aventura.

Porteo y displasia de cadera

Pasamos por muchas cosas durante su tratamiento. Me agobiaba en ocasiones, pensando que ella se sintiera muy limitada en sus movimientos, y la verdad es que nunca se quejaba. Además, el movimiento se lo entregaba en gran parte yo, porque la porteaba casi todo el día.

Recuerdo que una de las recomendaciones del traumatólogo fue cargarla a la cadera, y fue cuando comencé a practicar nudos en mi fular a la cadera y me hice mi primera bandolera.
Cabe mencionar que el porteo a la cadera es una de las alternativas más recomendadas en casos de displasia de cadera.

Lo que esta experiencia nos dejó

Esta aventura sin duda me acercó mucho más al porteo, a descubrir nuevos nudos, más información y nuevos portabebés. También fue un empujón más para mi emprendimiento, ya que con la información que iba recopilando podía dar a conocer con más propiedad los beneficios del porteo en relación con la displasia de cadera.

Entre las madres con quienes conversaba sobre porteo y displasia conocí a una gran amiga, y mi hija, a su mejor amiga.

Esta gran aventura ya tiene casi 15 años. Recuerdo con ternura los primeros meses: fueron de cultivar mucha paciencia, sobre todo por tener que sacar y colocar las correas en cada muda; los sentimientos de culpa que no nos abandonan fácilmente en este camino de maternidad; y la ilusión con la que iba a cada consulta médica esperando que me dijeran por fin “ya se las puedes sacar”.

Pasamos alrededor de 5 meses con el tratamiento. Pasamos de usarlas día y noche, a solo por la noche, hasta que finalmente ya no las utilizamos más.

Esta experiencia sin duda nos entregó grandes momentos y, sobre todo, mucho contacto. No estaba cómoda en la cama ni en una sillita, aún no se sentaba, así que el lugar más cómodo para ambas siempre fue en brazos.
Fueron meses de mucha observación, de mucho contacto y comunicación. La mayor parte del tiempo estaba sobre mí, en mis caderas, con y sin portabebés, con y sin teta.

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